martes, 11 de diciembre de 2012

La noche en Barcelona.

Una noche siniestra, de un año no tan bueno como algunos decían, me encontraba yo con mi gabardina negra deambulando por las calles nevadas de mi Barcelona natal. ¿A dónde iba? No lo sé. Tan solo sabía que era mi corazón el que mandaba en mi aquella noche del 25 de Enero de 1995. Me senté en un banco debajo de la única farola de toda la avenida del Tibidabo que estaba fundida. Delante mía, un caserón medio en ruinas; Detrás, un camino que no quería volver a recorrer por ahora. De repente, una borrasca hizo que tuviera que entrar en aquella casa para refugiarme de la fuerte tempestad. Me quedé atónito en cuanto entre. Me dije: Enrique, ¿dónde te has metido? Y es que en cuanto entre vi mi nombre escrito en la pared con, creía que era, pintura roja. Pero algo muy estúpido me hizo seguir avanzando. Subí hasta el piso superior en busca de un buen refugio y vi una habitación tapiada. Hasta hay todo parecía normal hasta que se empezaron a oír unos gritos detrás del ladrillado. Unos gritos desgarradores, pidiendo auxilio y arañando las paredes. No sabía que hacer, pero ,después de diez minutos así, paró con un golpe en el suelo, como si alguien se cayese desmayado. Cuando reaccioné y puse en orden mi mente bloqueada, me dispuse a quitar el enladrillado que impedía ayudar a aquella persona que sufría en aquella habitación. Finalmente lo conseguí, pero para mi sorpresa conocía la persona que estaba fallecida en aquella habitación:

Era yo.

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