Dime, ¿para qué sirve sonreír, si todas mis sonrisas tienen un único motivo? Piensa, ¿y si esas sonrisas me llevan a aquel que me hizo sufrir hace tiempo y aún lo hace? Y que le voy hacer, si el veneno de su sonrisa la llevo en la piel y en cada célula de mis dientes imperfectos, que quieren convertirse en perfectos con un corrector.
Sufro, luego existo. Existo, luego sufro. Nada en este mundo existe sin un motivo.

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