lunes, 23 de agosto de 2010

¿Destino cruel? 3

Capítulo 3: Destino




Me decidí a contestarle, pero era muy fácil decirlo. ¿Qué le pondría? Al final, le puse lo primero que se me pasó por la cabeza:


Querido recogedor de carboncillos. La verdad, me sorprendió. La última vez que le vi fue hoy e iba con una mujer de cabellos dorados y de tez de porcelana. Me pregunto quien es. Un beso: La dibujante del parque.


Dejé mi nota donde dijo la nota y me escondí en la copa de un árbol no muy alto para leer y, por supuesto, ver si recogía la nota para pillarle de sorpresa- Pasaron las horas como las hojas de mi libro de la Filosofía de Platón y no lo vi. En cambio, si vi a la mujer de cabellos de oro alrededor del banco, pero al hombre de los carboncillos no lo vi en toda la tarde. Seguí esperándolo hasta bien entrada la noche. Cuando Margaret vino a buscarme, yo ya había terminado mi libro y estaba helada.


El hecho de que no fuese me decepcionó. ¿Qué le habría pasado? Aquella noche soñé con él.


A la mañana siguiente, sabía que me esperaba un día muy ajetreado; Tenía que visitar a los Morrison.


Verlos no era solo visitarles y un hola y adiós, no. Verlos era pasarse desde la mañana bien temprano hasta la noche bien cerrada en aquella casa. Cuando tu entrabas en esa casa y te recibía Elisabeth Morrison, podías olvidarte de todo lo que tenías previsto para aquel día. Ella te insistía en que te quedaras a comer de tal manera que no te podías escapar y te ofrecía tantos tés que después no volvías a tomar aquella bebida caliente en una semana.


Me vestí con mis mejores galas y, escogiendo de acompañante a Margaret, fui dando un paseo hasta aquella casa. Pero cual fue mi sorpresa cuando me abrió el hombre de los carboncillos.


- Hola, señorita McDonals. Pase por favor, mi madre le espera.


¿Su madre? ¿Él es el hijo de la señora Morrison? ¿Eric Morrison?

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