Un día de estos que intentaba olvidarte y no salías de mi mente, mi abuelo me sorprendió llorando lágrimas volátiles en tu foto. Se quedó en la puerta mirando como, una a una, manchaban tu rosto sonriente y hacían que la tinta se corriese hacia abajo. Cuando yo me dí cuenta de su presencia, él solo se acercó, me abrazó por la espalda y me plantó un beso en la cabeza, de estos que sientan tan bien. Entonces, le pregunté cómo es que el amor es tan odioso y a la vez tan gratificante y cómo se puede pasar de la felicidad extrema al llanto más desolador de este mundo. Él me dijo:
-Cariño, el amor es algo esplendoroso. El amor es cómo el oxígeno, todo lo que necesitas es amor. Pero bien está, igual que la paz no puede existir sin guerra y que un perro no suele nacer manso por naturaleza, tú debes resistir los ataques y amaestrar a tu corazón para que no duelan estos. ¿Se consigue alguna vez? No. Pero sí te darás cuenta que un dolor ya vivido es menos dolor y que la costumbre hace la debilidad, y no la fuerza. Lo más maravilloso que te puede suceder es que ames y seas correspondido. Aún así, todo tiene su final, y debes aprender a resistirlos, igual que los que te queremos debemos aprender que un día deberás dejar el nido y te marcharás, y tú sabes que yo no viviré eternamente, ni tus padres, ni tú misma. Te diré por experiencia que el final es más doloroso cuando todo ha sido un camino de rosas. ¿Acaso no duele más la muerte de tu ser más querido, que el hecho de que te deje? Ahora pensarás que no, pero, ¿no es mejor saber que esa persona está bien y será feliz, aunque no sea contigo, que saber a ciencia cierta que jamás la volverás a ver? Además, sabes que él es uno de tantos, y, aunque suene a tópico, todos tenemos una persona que nos sabe valorar tal y como somos, sea del sexo que sea. Es cuestión de encontrarla y saber cuidarla. Si de verdad te quiere, también te cuidara, a pesar de las diferencias que podéis tener, porque no hay reconciliación más dulce que esa. Si consideras que él te hizo daño y tú no fallaste, no merece lágrima alguna, sino sonrisas, porque sabes que así difícilmente conseguirá ser feliz haciendo feliz a otra persona. Y aunque lo veas feliz, no es oro todo lo que reluce. Pero, si sabes que lo es de verdad, alégrate igual, porque igual que él es feliz, tu también lo serás y no te faltarán motivos. Con todo esto, mi vida, quiero que sepas que este mal trago lo pasamos todos e incluso es bueno pasarlo para así valorar nuestra fortuna futura.
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